La profesora que me gustaría ser:
En
un futuro, me gustaría llegar a ser una excelente facilitadora, no
obstante, tengo claro que el camino que tengo que recorrer para
llegar hasta ahí es muy largo. Tengo la impresión de que durante
los primeros años, el profesor de lenguas extranjeras empieza poco a
poco cogiendo soltura en clase, aprende a alejarse de los contenidos
marcados por los libros de texto y aprende a improvisar.
Mi
idea de una gran facilitador es la de un profesor cercano, humilde,
amable, alguien que hace que los alumnos se sientan a gusto en su
clase, alguien que imparta una clase a la que éstos quieran volver,
y al que recuerden como alguien importante en su proceso de
aprendizaje de lenguas extranjeras.
La
definición que se hace en la Versión imprimible del Módulo
2, me parece muy acertada y completa: “el
profesor tiene que ser capaz, sobre todo, de crear las condiciones
óptimas para que los alumnos aprendan. Eso se consigue,
conociéndolos, llevando al aula tareas adecuadas a sus intereses,
motivándolos, observando e investigando sobre el desarrollo de la
clase, planificando, pero improvisando cuando sea necesario y
evaluando constantemente el proceso. Su papel se refleja en la
organización de clase, los contenidos, la planificación, los
procedimientos de evaluación, etc.”
Durante
mi experiencia como aprendiente de lenguas sí he visto la evolución
de mis profesores, no en la misma persona, porque evidentemente el
tiempo que he compartido con cada uno de ellos ha sido breve, pero si
lo he visto a lo largo de los años en distintos profesores. Las dos
profesoras de lenguas extranjeras que más me han marcado y a las que
recuerdo con más cariño han sido mis profesoras de griego, las dos
eran cercanas, pacientes, humildes, tenían mucho sentido del humor,
hacían un tratamiento del error de manera que nos enseñaban a
valorarlo como un elemento necesario del aprendizaje, los contenidos
que traían a clase eran interesantes, fomentaban la participación y
la diversidad de los alumnos, la verdad es que las recordaré siempre
con mucho cariño y respeto.
Asimismo,
me gustaría destacar que para ser un gran profesor, igual que para
ser una gran profesional en cualquier área de la vida, hay que tener
una formación continua. Es necesario no perder nunca las ganas de
aprender, las ganas de conocer; mantener viva la curiosidad y
cuestionarse todo, incluso aquello que se da por sentado, nos hace
ser seres humanos en continuo crecimiento ético, moral e
intelectual.
Patricia, estoy segura de que vas a ser esa profesora facilitadora, creadora de ocasiones de aprendizaje que es capaz de motivar y fomentar el desarrollo de la autonomía en sus alumnos.
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